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domingo, 22 de julio de 2012

Homenaje a Kenneth Waltz


Mucho revuelo ha causado dentro de la comunidad académica el artículo escrito por Kenneth Waltz acerca de Irán y la Bomba. Waltz es el autor de Man,the State, and War, obra obligatoria para todo interesado en Política Internacional, y desde su contribución a la fundación del neorrealismo –poniendo el énfasis en la estructura anárquica del Sistema Internacional y no en la naturaleza humana- ha recibido todo tipo de críticas. Empezando por Alexander Wendt desde su formulación del constructivismo en IP, ahora al artículo sobre Irán le han llovido varias críticas, para una muestra [1] y [2].

Por lo tanto, el hecho de que tantas personas estén tan dispuestas a contradecir al “Padre del Neorrealismo” para mí quiere decir que Realmente se trata de alguien que le ha atinado a algo importante, aún más hoy en día que está de moda querer establecer “teorías alternativas” que no sean tan “catastróficas” y que sean más optimistas, así la realidad demuestre lo contrario. Entonces, los dejo con este video de una entrevista a este gran maestro:


viernes, 8 de junio de 2012

Reflexión sobre la globalización


Hace unos días me pidieron que realizara una reflexión sobre la globalización, para poder clasificar como monitor de esta materia. He aquí el resultado, como siempre muy teórico de mi parte, que lo disfruten:

Cada vez que se habla de globalización, pareciese que se hace referencia a grandes corporaciones, protestas en varias ciudades del mundo (predominantemente las de países occidentales industrializados), y se muestra alguna tribu remota. Esto por lo menos en cuanto a imágenes, mientras que los comentarios sobre la globalización habitualmente la presentan como un fenómeno netamente económico, e incluso documentos académicos han tomado esta línea de argumentación.

Esta subordinación de los fenómenos sociales al campo económico pareciese ser la máxima de los tiempos actuales. Tanto es así, que si bien por un lado se considera que todo está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, por el otro todas las grandes decisiones se dan basadas en fundamentos económicos. Podría decirse que es la victoria de la concepción del homo oeconomicus.

No obstante, al desconocer otros aspectos de las relaciones sociales, y por lo tanto de las Relaciones Internacionales, es difícil observar lo que sucede “tras bastidores” de esta retórica económica. Es por ello, que este documento estará principalmente basado en la teoría transformalista de la globalización, la cual sostiene que dicho fenómeno produce cambios en todos los aspectos sociales: política, instituciones, economía, gobernabilidad, etc. (Martin, 2002, p. 48).
Esto se visibiliza desde la última declaración del “Fin de la historia”[1] una vez terminada la Guerra Fría, donde cundió el optimismo por la victoria de los valores occidentales sobre los soviéticos, pero a la vez salieron a flote varios procesos que anteriormente eran obviados al estar la atención puesta en el choque entre las dos superpotencias (Huntington, 2005, p. 23). El principal de estos procesos es la percibida erosión de la figura del Estado-Nación, y la creciente nebulosidad de los asuntos internos y externos (Martin, 2002, p. 50).

Entonces vale la pena preguntarse ¿qué viene después? Es difícil imaginarse con las tendencias actuales que realmente se dé una sociedad global con una autoridad central difusa o ninguna autoridad. Esto si se tiene en cuenta el hecho de que la seguridad y las amenazas parten de supuestos más intangibles desde el 9/11 y las condenas al terrorismo, además, la presencia de otro tipo de redes criminales como el crimen organizado, permite pensar que los individuos de todos modos van a buscar alguna forma de orden y protección. Precisamente se descarta la posibilidad de que se dé ese gobierno mundial, porque como bien lo explica el psicoanálisis, los seres humanos buscan asociarse para protegerse unos a otros, pero así mismo sienten una aversión mutua que hace que las comunidades políticas sean limitadas (Schuett, 2010, p. 144).

Así entonces, se podría dar una nueva forma de comunidad política luego del declive del Estado-Nación, que se adapte mejor a los procesos que se vienen dando dentro de la globalización. De hecho, visto desde una perspectiva académica, el reto está ahora en comprender cómo se darán las interacciones de poder entre estas nuevas comunidades políticas, ya que “nada milita en la posición realista contra la suposición de que la división del mundo político actual […] sea remplazado por unidades con un carácter bastante diferente, más en pro de mantener las potencialidades técnicas y requerimientos morales del mundo contemporáneo” (Morgenthau, 1961, p. 10). En ese espíritu académico, se podrían designar a estas comunidades políticas como Unidades Políticas Máximas (UPM).

Un posible atisbo de lo que serían estas nuevas UPM es uno de los estandartes más visibles de la globalización, la Unión Europea. El hecho de que varios Estados-Nación fundan sus intereses en una sola institución que los represente ante el sistema internacional, es un indicio bastante relevante de la consolidación de la nueva UPM. En esa misma línea de ideas, el hecho de que esta unión se haya dado bajo lineamientos económicos es una muestra de cómo la economía ha ocupado toda la atención como se denunció al inicio, y de cómo detrás de ésta hay motivaciones de poder.

Ya desde antes del colapso de la Unión Soviética, Edward Luttwak (1998) advertía cómo las relaciones comerciales a inicios de la década de 1990 muestran características propias de una lógica de guerra, al quedar relegado a un segundo plano el poderío militar (p. 125). Esta visión que él llama geoeconomía, puede considerarse el instrumento principal que tienen desde ya las nuevas UPM como medio de interacción de poder. Baste ver como la “Tragedia Griega”, una crisis de carácter económico, ha dado pie a la promoción de medidas que le restan poder y soberanía a los Estados-Nación europeos, mientras en un curioso balance de poder aumenta el de la UE.

Y este empleo de la geoeconomía no se limita al Viejo Continente. El impulso comercial chino, las competencias por devaluar las principales monedas, la difusión de Tratados de Libre Comercio cuyas negociaciones no siempre parten de un principio de igualdad, y otros eventos que en principio ocupan la sección económica de los medios noticiosos requieren de un análisis más fino que un simple intercambio de bienes escasos. La pérdida de territorialidad hace que las diversas políticas y crisis económicas sean aprovechadas dentro de la globalización por aquellos que buscan ganar poder por métodos distintos a las tradicionales conquistas militares de antaño.

Finalmente, tomando en cuenta el factor social de la globalización, este también ha sufrido varias modificaciones debido a la aparición nuevos recursos y nuevas identidades. Desde la Guerra de los Balcanes, a la serie de movilizaciones a las que se les llamó la Primavera Árabe, pasando por el genocidio en Ruanda, todos estos sucesos tuvieron su base en la identificación con algún grupo étnico, y la difusión de ellos se ha dado gracias a los avances en tecnología de telecomunicación.

Bosnios, hutus, chiís y demás etnias ratifican la premisa de que “en el mundo de la post-guerra fría, las distinciones más importantes entre los pueblos no son ideológicas, políticas ni económicas; son culturales” (Huntington, 2005, p. 22). Esto sumado a la alta difusión lograda por el internet, más el tráfico humano legal o ilegal, contribuye al proceso de desterritorialización mencionado anteriormente. Al tener mayor fidelidad con una etnia o una cultura (real o inventada en algunos casos), los individuos ya no se identifican con una zona geográfica delimitada sino con un concepto intangible, haciendo que ciertos límites políticos sean meras formalidades.

En suma, en este periodo de transición al que se le ha denominado “Globalización”, presenta por lo menos tres desafíos puntuales: la creación de nuevas UPM, y su posible desenvolvimiento en el escenario internacional; el uso de la economía como un instrumento (o arma) para adquirir poder; y las alianzas culturales transfronterizas. En sí, todo el fenómeno es un reto para ser analizado, y que para tal fin debe verse más allá de sus mareantes imágenes.

REFERENCIAS

Huntington, Samuel P. (2005). El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (1ra ed.). España: Paidós.
Kissinger, Henry. (2001). La diplomacia (2da ed.). México, DF: Fondo de Cultura Económica.
Luttwak, Edward N. (1998). From Geopolitics to Geo-Economics: Logic of Conflict, Grammar of Commerce. The Geopolitics Reader (1ra ed., pp. 125 – 130). Nueva York: Routledge.
Martin, Carlos D. (2002). Las transformaciones del escenario internacional. Fasoc, 17(Enero - Febrero), 43 – 58.
Morgenthau, Hans J. (1961). Politics Among Nations. The struggle for power and peace (3ra ed.). Nueva York: Alfred A. Knopf Inc.
Schuett, Robert. (2010). Political Realism, Freud and Human Nature in International Relations. The Resurrection of the Realist Man (1ra ed.). Nueva York: Palgrave McMillan.



[1] Ya antes está declaración había sido hecha por los presidentes estadounidenses Woodrow Wilson y Franklin D. Roosevelt en otros procesos de cambio histórico (Kissinger, 2001, p. 401)

sábado, 12 de mayo de 2012

El interés nacional y la identidad*

*Ya era hora que les presentara alguno de mis trabajos universitarios como solía hacer en mi blog anterior. En este caso me pusieron como condiciones tratar ciertos enfoques teóricos y ciertas lecturas de clase, no obstante creo que logré una vez más acomodar estos no sólo a mi teoría predilecta (y la central a este blog), sino a mi visión particular de las cosas ¿Qué piensan ustedes?

A lo largo de la literatura e investigación en el área de las Relaciones Internacionales se habla del interés nacional, particularmente dentro de la teoría del Realismo y sus varias subdivisiones. Así a grandes rasgos, teóricos clásicos como Hans Morgenthau y Raymond Aron hablan de la acumulación de poder o la supervivencia como el interés nacional de los Estados, aspectos que retomaría Kenneth Waltz en su postulación estructural del neo-realismo.
No obstante, estos términos pueden ser vagos, y si bien pueden explicar qué es lo que hacen los Estados en el sistema internacional, no nos dan buenos referentes de cómo lo hacen. Así por ejemplo en pro de la supervivencia vemos la creación de alianzas entre ciertos Estados específicos, como también acuerdos comerciales y/o diplomáticos, mientras que en otros casos se recurre a la tensión, disuasión o hasta la guerra. ¿Por qué con unos Estados deciden asociarse entre sí, mientras otros luchan entre ellos para aumentar su poder y sobrevivir?
Se podría avanzar aún más esta pregunta al notar que, por ejemplo, Estados Unidos avanza sus intereses en nombre de la libertad y la democracia, Alemania y otros estados europeos en nombre del bienestar civil, Irán basa sus acciones en la doctrina Islámica, y Colombia cambia de política exterior con cada cambio presidencial. Es decir, cada Estado parece presentar o ser percibido con cierto tipo de mejor identidad cuando articula su interés nacional, haciendo que se pueda especificar de una manera mejor que un simple concurso de supervivencia o acumulación de poder.
Por lo tanto, y teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, me propongo argumentar en este trabajo que el interés nacional de un Estado es construido por una identidad nacional, que a su vez responde a la cultura política imperante y tiene una imagen sexuada. Para tal fin me basaré en las teorías sobre cultura política, en la teoría feminista, y en el constructivismo como teoría transversal.
Por un lado, los ejemplos de acción esbozados y las distintas imágenes de algunos Estados que se presentaron en la introducción de este documento, nos muestran que en el sistema internacional no se dan respuestas homogéneas y predecibles, sino al contrario, que existen diversas interpretaciones posibles ante una misma situación o escenario (Dessler & Owen, 2005: 598). Por lo tanto, para poder comprender mejor uno a uno estos casos, es necesario entender cómo se da la identidad de un Estado antes de que éste interactúe con otros, es decir, ver cómo se presenta un Estado a sí mismo.
De esta forma, según Alexander Wendt (1992), lo único que le queda a los Estados para construir su identidad si se les extrae de la interacción con otros Estados es: su aparato organizacional de gobierno, y la preservación o supervivencia de este substrato (aunque no siempre de manera agresiva) (402). De ahí la importancia de tomar en cuenta la cultura política de un determinado Estado, por cuanto le es favorable a éste que su sistema político sea congruente con la cultura política en su interior, al estar en línea con el conocimiento político y el afecto de su población (Almond & Verba, 1992: 185).
En ese orden de ideas, es posible que podamos dilucidar los intereses nacionales de un Estado al establecer la cultura política dentro de éste. Para tal fin, se hace necesario conocer el componente histórico de cada Estado en particular, al darse ahí el proceso de construcción paulatina de la cultura política (Heras, 2002: 189). En aras de evidenciar esto, podemos observar algunos casos particulares, como los sugieren Dessler & Owen (2005: 599), con los cuales podemos establecer la relación.
Un ejemplo bastante visible en la actualidad, es el caso de Estados Unidos. Desde sus inicios, la potencia norteamericana se ha mostrado como el bastión de la libertad y la democracia. Precisamente, la proyección de los intereses nacionales estadounidenses ha estado enmarcada desde un discurso de protección de “El Mundo Libre”, tanto en la escogencia de sus principales aliados, como de sus principales enemigos.
Por lo tanto, vemos como uno de los principales aliados de Estados Unidos es su otrora potencia colonial, el Reino Unido (otra democracia), al igual que otros Estados con regímenes y culturas políticas similares o congruentes. Esto refuerza la idea kantiana de que la paz sólo se puede lograr entre Estados democráticos, a la que se adhieren insistentemente teóricos internacionalistas liberales como Michael Doyle (1983), y cuya versión más agresiva se identifica con la doctrina neoconservadora (Boot, 2004: 24).
Posiblemente, el fallo de Doyle y otros liberales consiste en no identificar que el interés de los Estados autoritarios es mantener su régimen tanto de amenazas internas como externas (Clark, 2001:95), y por ello no exista tanta paz entre ellos como entre los Estados democráticos. Es más, los Estados autoritarios pareciesen ser la personificación extrema de una cultura política particular, que bien podría catalogarse como parroquial de súbdito, ejemplificada por Almond & Verba (1992: 187 – 188), donde se busca más una preservación cultural que una proyección.
Ejemplos visibles y sonoros de la relación entre este tipo de cultura política y los intereses nacionales podrían ser los Estados africanos. Casos como Malí o Sudán, donde se da un secesionismo y construcción de nuevos Estados basados en líneas tribales o religiosas, o choques entre tribus como Ruanda que responden a un modelo parroquial (Almond & Verba, 1992: 181). De hecho, un caso como el ruandés podría verse como el intento de dos culturas en choque en la cual uno de los trofeos es el armazón del Estado, y ambas tribus recibían apoyos de Estados donde gobernaban miembros de algunas de las dos.
Así entonces, podemos ver como los medios de supervivencia dentro del sistema internacional, como también los intereses que en pro de esa supervivencia, están mediados por la cultura específica de cada Estado, o de cada colectividad que aspira a ser un actor internacional, como en los casos africanos. De ahí, que se den intereses en pugna entre distintos Estados, sobre todo en los casos donde tengan culturas incongruentes y/o incompatibles. En especial durante estos tiempos, donde varias de las potencias buscan lograr el objetivo de la paz perpetua, pero sin tener en cuenta la lentitud de los cambios culturales y por eso “los hombres no pueden hacerse democráticos por decreto” (Heras, 2002: 189).
Por otro lado, también hay que mirar los Estados hacia afuera y su interacción con los demás Estados, debido a que la otra parte de la identidad de éstos, y por lo tanto de sus intereses, se da a partir de la interacción (Wendt, 1992: 406). Lo llamativo con este tipo de construcciones de identidad, es que podríamos identificar en determinados discursos ciertas identidades sexuadas[1], dependiendo de la conveniencia o necesidad del momento.
Así por un lado, en momentos históricos donde los intereses nacionales han llevado a los Estados a posiciones belicosas, o por lo menos a demostrar fortaleza, se utiliza un discurso que representa al Estado como un ente con un fuerte componente masculino. Es necesario aclarar en este instante, que con masculino hacemos referencia a la imagen predominante occidental de una masculinidad viril y violenta, la cual usa la violencia para reafirmarse (Blair & Londoño, 2003: 34).
Encontramos así, varios ejemplos lingüísticos de esta representación, principalmente en Occidente, donde el vínculo militar con el Estado tiene este tipo de componente masculino. Desde el griego patris, palabra que viene de “padre” y de la cual se desprende el latín patria que da origen a esa palabra en varios de los idiomas romances, como también la concepción germánica del Vaterland, Vaderland o Fädernesland (es curioso notar aquí como varios países latinoamericanos se refieren a su antigua potencia colonial como “La Madre Patria”).
Una revisión de algunos himnos nacionales nos puede dar luces al respecto de este vínculo viril y guerrero, como por ejemplo México: ¡Guerra, guerra sin tregua al que intente De la patria manchar los blasones! ¡Guerra, guerra! Los patrios pendones En las olas de sangre empapad. También podríamos revisar entonces a unos de los Estados cuya antigua belicosidad aún reverbera en nuestros días, ya que desde su época imperial hasta 1945, las marchas militares alemanas hacen varios llamados a su Vaterland (National Socialist Military Marches, s.f.).
No obstante, la identidad del Estado también puede ser femenina, y en estos casos las imágenes que se crean tienen que ver con el aspecto maternal de este género. Específicamente se nota una reproducción del mito de las “almas bellas”, en el cual las mujeres son “víctimas de violencia mas no actoras de la misma” (Blair & Londoño, 2003: 41). Así bajo esta línea, la concepción femenina del Estado surge cuando este necesita ser defendido de amenazas externas, o justificar su incursión contra sus enemigos, ya que un “alma bella” es sólo una víctima inocente de los aconteceres en el sistema internacional.
Así como el poeta inglés G.K. Chesterton declaraba: “'My country, right or wrong' is a thing no patriot would ever think of saying except in a desperate case. It is like saying 'My mother, drunk or sober.'” (Mother Country Quotes, s.f.) (‘Mi país bien o mal’ es algo que ningún patriota consideraría decir excepto en un caso desesperado. Es como decir ‘mi madre, borracha o sobria’), así mismo se ha propagado la idea de que el Estado del que se es originario es un ser al que debe protegérsele, así éste no sea perfecto.


Imagen de la Madre Patria Rusa
Más diciente aún es el hecho de que en Rusia, país asolado por varias invasiones que sin embargo logra resistir, sus habitantes se refieran a ella como Rodina, palabra que proviene del verbo rodit (dar a luz). En particular esta imagen fue explotada por el régimen soviético, cuya manifestación más visible es la estatua del Llamado de la Madre Patria en Volgogrado, la cual conmemora la batalla de Estalingrado. Por otra parte, una imagen que muestran los Estados Unidos al resto del sistema internacional, también es una estatua de figura femenina, en este caso la Estatua de la Libertad.
Estatua de la Libertad en Nueva York
Precisamente estas imágenes refuerzan el discurso de que las intenciones, y por lo tanto los intereses de dichos Estados son pacíficas, al recurrir a la creencia de la benevolencia innata de las mujeres y de su naturaleza ajena a la guerra (Blair & Londoño, 2003: 47) (esto a pesar de las posturas desafiantes de las estatuas mencionadas). Así pueden justificar estos Estados -que a la vez son o han sido superpotencias- sus acciones en el campo internacional, logrando hacer que sus oponentes sean vistos como los ofensivos y contrarios a la paz.
En suma, hemos podido notar brevemente en esta reseña que la forma, o las formas, en que los Estados llevan a cabo su interés por sobrevivir, el principal interés según varios autores realistas, varía de acuerdo a la cultura política de cada Estado y se presenta bajo una imagen sexuada. Así por ejemplo, si un Estado responde a una cultura política democrática –liberal o popular- es probable que intente expandir su modelo de Estado bajo una figura femenina, mientras que uno autoritario buscará evitar las interferencias externas desde una figura de virilidad; aunque esto no necesariamente constituye una regla.
La intención aquí no es refutar los principios del Realismo, sino complementarlos y darles más sustancia, contribuyendo a la vez al diálogo entre racionalismo y constructivismo, que adelantan autores como Sandra Borda y Samuel Barkin.
REFERENCIAS
Alexander Wendt. (1992). Anarchy is what states make of it. Intenrational Organization, 46(2), 391 – 425.
David Dessler, & John Owen. (2005). Constructivism and the Problem of Explanation: A Review Article. Perspectives on Politics, 3(3), 597 – 610.
E. Blair, & L. Londoño. (2003). Mujeres en Tiempo de Guerra. Universidad de Antioquia.
John F. Clark. (2001). Realism, Neo-Realism and Africa’s International Relations in the Post-Cold War Era. Africa’s Challenge to International Relations Theory (1ra ed., pp. 85 – 102). Nueva York: Palgrave McMillan.
Leticia Heras Gómez. (2002). Cultura Política: el estado del arte contemporáneo. Reflexión Política, (8), 181 – 191.
Max Boot. (2004). Neocons. Foreign Policy, (140), 20 – 28.
Mother Country Quotes. (s. f.). Recuperado a partir de http://thinkexist.com/quotes/with/keyword/mother_country/
Nationalist Socialist Military Marches. (s. f.). Recuperado a partir de http://www.nazi.org.uk/multimedia.htm
Siba N. Grovogui. (2001). Sovereignty in Africa: Quasi-Statehood and Other Myths in International Theory. Africa’s Challenge to International Relations Theory (1ra ed., pp. 29 – 45). Nueva York: Palgrave McMillan.



[1] Aquí hago referencia al sexo y no al género debido a que al ser construcciones sociales los Estados no presentan componentes biológicos que les den tales distinciones, así que en este caso en particular sexo y género serían equivalentes.

miércoles, 4 de abril de 2012

Ruido negro


La verdad sea dicha, a África la podrán llamar el Continente Negro o el Continente Olvidado, pero cada vez que uno se acerca a ella lo que percibe es un ruido blanco que aturde a más de uno. Empezando porque el proceso de descolonización ha sido un proceso bastante complejo, en especial por el hecho de que las divisiones coloniales que actualmente son las fronteras de los estados africanos, no tuvieron en cuenta las divisiones tribales existentes. Peor aún, varias de estas tribus son nómadas o no tienen una territorialidad definida, lo cual hace que cualquier choque inter-tribal sacuda a buena parte de la región, pero no sea claro dónde.

Fuera de eso, mucha de la literatura que se acerca al tema suele tener un enfoque “crítico”, que si bien se encuentran piezas claves que explican los fenómenos africanos, muchos caen en el activismo irredento y en lo panfletario. No obstante, concuerdo en que muchas de las teorías y paradigmas occidentales no retratan bien del todo los temas de este continente. Pero leyendo un libro que aborda precisamente el reto que impone África sobre la teoría convencional, encontré que si nos vamos a lineamientos más generales, y en particular sus influencias clásicas y/o no occidentales, podremos explicar mejor ciertos aspectos en estos casos.

Por su puesto, si me voy por el realismo más refinado y estatocéntrico no voy a lograr mucho con un continente que en su mayoría está conformado por estados hechos a las malas, cuasi-estados y estados fallidos. Acá hay que tomar en cuenta el concepto de las Unidades Políticas Máximas, que son el verdadero objeto de estudio de la política internacional -no siempre han sido los estados- y ver cuáles son efectivamente las que juegan en África. Así mismo, podemos ver que estas Unidades también se encuentran en una lucha de intereses, ejemplificando la anarquía internacional de este continente de la forma más cruenta.

Tomando una vez más como referencia al libro aludido, al parecer una constante que existe en los estados africanos, o más bien, de sus gobernantes, es mantener el régimen en que se encuentran, sea este democrático, autoritario o híbrido, a como dé lugar. Y cuatro suelen ser las amenazas a estos regímenes: grupos disidentes, las mismas fuerzas militares, otros estados africanos o potencias externas. Y recientemente, ningún estado africano ejemplifica esto mejor que Malí (sí, los mismos a los que les ganamos en el mundial sub-20), cuyo presidente, Amadou Toumani Touré, fue depuesto por golpistas militares el 22 de marzo pasado con una toma de la capital, Bamako.

El Presidente Touré quien también depuso a un mandatario maliense hace 20 años, es querido dentro y fuera de su país porque en aquella ocasión no tomó el poder sino que llamó a elecciones democráticas, terminó su servicio militar, y años después ganó la presidencia por vías democráticas. La razón de este golpe perpetrado por mandos medios del ejército es el percibido debilitamiento de esta institución frente a los ataques del Mouvement National pour la Libération de l’Azawad (MNLA), grupo separatista de la etnia tuareg que busca su propio estado, Azawad, en la parte norte de Malí.

Curiosamente, el resultado de esta toma fue por el contrario un fortalecimiento de los avances del MNLA al enfrentarse ahora a un ejército dividido, y estar ahora fortalecido por las armas conseguidas gracias a la caída de Qaddafi en Libia. Además de esta amenaza, se teme la colaboración de grupos islámicos radicales en la zona como el Boko Haram de Nigeria, pero en particular del AQIM, el brazo de al-Qaeda en esa región de África. Claro está que de existir una alianza entre el MNLA y el AQIM, ésta sería espuria debido a los intereses en conflicto de ambos grupos, ya que uno busca una separación territorial y el otro una expansión regional fundamentalista, lo que puede llevar a un choque entre ambos grupos, contribuyendo así con el caos.

Otros intereses que acá deben tenerse en cuenta son los de los candidatos a la presidencia maliense, cuyas elecciones estaban programadas para el 29 del presente mes. En particular llama la atención la posición del candidato Oumar Mariko, quien ha mostrado total apoyo al golpe realizado por los militares, justificándose en el existente descontento de los malienses con la actual presidencia, pero no está de más considerar que puede aprovechar esta oportunidad para hacerse con el poder sin necesidad de elecciones.

Sin embargo, no se debe descartar el descontento de los malienses frente a la instituciones occidentales que en teoría los hacían ejemplo en la región, debido a que la democracia es entendida como el solo hecho de ir a una urna a votar, y ciertas políticas de privatizaciones han dado resultados adversos en un país que tiene “temporadas de hambre” (¿qué pasó con la universalidad de estos valores?). Precisamente es por estas fallas que hoy salió a la prensa un comunicado de la junta militar manifestando que se le hará un juicio a Touré por traición, lo cual bien puede ser interpretado como un intento de los golpistas de legitimarse frente a sus ciudadanos.

Esto es tan solo una muestra de las luchas de poder en África, y como pueden ver pueden tornarse bastante confusas incluso para aquellos que las viven día a día, y no son exclusivas de un país en particular sino que cada tanto aparece una nueva inestabilidad en la región. Es esta confusión la que causa el ruido que hace que los foráneos no podamos percibir bien lo que pasa allá, y por lo tanto debamos probar la flexibilidad de nuestras propias teorías para medianamente entender lo que allá pasa. No se trata sólo de banderas sino también de otros tipos de monopolio de la fuerza. Espero todo haya quedado más claro ¿verdad?

domingo, 1 de abril de 2012

Caricaturas realmente constructivas


Una supuesta rivalidad existente dentro de la teoría de las Relaciones Internacionales es aquella que se da entre Realismo y Constructivismo. No obstante, el Realismo, y más específicamente su versión clásica, hace referencia a la Idea de Nación para definir los intereses nacionales, y por su parte el Constructivismo arguye que los estados hacen de la anarquía lo que ellos quieren que sea, bajo la construcción de su identidad. Por eso yo no veo mayor choque entre ambas teorías, llegando a ser uno de los que aboga un acercamiento entre ambas para tener una mejor visión del sistema internacional, cosa que de hecho he podido hacer funcionar en trabajos académicos más formales que este blog, y ya empieza a surgir cierta bibliografía al respecto.

Hoy en día es difícil definir como se da esa construcción de Idea Nacional dado el comportamiento “salubre” y “políticamente correcto” que se le quiere imprimir a nuestros medios masivos, sólo por no querer ofender a nadie, pero sin embargo mantener una posición en el mejor de los casos aguachenta. Por eso el día de hoy quisiera mostrarles algunas caricaturas de hace 70 años, donde por el contrario se buscaba reafirmar la identidad nacional, y podemos ver que incluso compañías rivales como Disney, Warner Bros., y Metro-Goldwyn-Mayer enfocaban sus esfuerzos a un solo fin. Puse compañías gringas porque a decir verdad eran las que hacían las mejores caricaturas de la época, y para evidenciar como en la “mayor de las democracias” la idea de nación también prevalece, y como la mejor forma es teniendo un enemigo común. Esta lista no es para nada exhaustiva, y los invito a que sigan los enlaces para ver más de estas caricaturas hoy en día vetadas por considerarse demasiado ofensivas.





sábado, 31 de marzo de 2012

LatinoameRRIIca


Tal vez algunas de las personas que han visitado frecuentemente este espacio se preguntarán por qué no comento mayor cosas (casi nada) sobre las Relaciones Internacionales acá en Colombia, y apenas si menciono los eventos que ocurren en el subcontinente latinoamericano. Por un lado, una de mis ideas con este espacio es visibilizarles a mis coterráneos que existe un mundo más allá de los escuetos aportes de nuestros principales medios noticiosos.

Por otro lado, y no lo digo como excusa sino como incentivo, la misma academia refleja el ensimismamiento propio de nosotros los latinoamericanos, y la verdad sea dicha, consecuencia de esto es que hayan pocos estudios sobre las Relaciones Internacionales entre nuestros países. De acuerdo con este artículo, desde la misma academia estadounidense el enfoque sobre Latinoamérica ha sido más desde la política interna, y limitándose en primer lugar a temas de desarrollo económico y democrático, y a temas de narcotráfico y guerra interna en el segundo; el nivel más macro utilizado es la política comparada, y no se tienen en cuenta los juegos de poder que aquí se dan.

Y es que algo en común que tenemos además del idioma y la mayoría católica, son las ganas de diferenciarnos el uno del otro, y de ahí tal vez el que nos fijemos más en nuestras respectivas políticas internas que en nuestras políticas exteriores. Claro que esto no quiere decir que aquí no se hayan dado estudios de ese campo. Baste observar la formulación de la Teoría de la Dependencia a mediados del siglo pasado, de la cual pareciese que se desprendiera el Realismo Periférico propuesto por el profesor argentino Carlos Escudé, que a su vez algunos podrían argumentar que se trata de una academización de la doctrina del réspice polum iniciada por el presidente colombiano Marco Fidel Suárez en la década de 1920.

Así mismo, es digno de notar que algunos de nuestros países han logrado en cierta forma romper con ese ensimismamiento, y han logrado hacerse notar más allá de los océanos que nos rodean, incluso estableciendo centros de investigación en Relaciones Internacionales, como son los casos de Brasil y Argentina, y estoy seguro que México y Chile también deben tenerlos (quien pueda y quiera facilitarme información en este campo, le agradecería profundamente si la deja en los comentarios). Fuera de eso, no es nuevo que existan proyectos de unificación latinoamericana, especialmente en el campo de construcción de ideas, que van desde el revisionismo hispanofílico hasta el indigenismo victimizante.

Ya aterrizándolo un poco más al campo de las ideas políticas, suele pasarse de largo que desde la independencia ha habido intentos imperiales desde este lado del continente (Nota Aclaratoria: aquí hago referencia a la definición hecha por Morgenthau sobre imperialismo). Para tal fin, es necesario observar cuál era el propósito de la Gran Colombia de Bolívar, y como según algunos de los enlaces referenciados, Argentina intentó infructuosamente contrapesar la influencia estadounidense. Aquí vale la pena referenciar el trabajo hecho por mi profesora y amiga cercana Catalina Jiménez, quien adelanta en estos instantes un estudio sobre la influencia del pensador cubano José Martí sobre la Revolución Cubana y los actuales países del ALBA, quienes le deben más a este mártir antillano que a Karl Marx (espero poder compartirles pronto este excelente estudio).

En ese orden de ideas, un colega mexicano me preguntó mientras escribo este artículo cuál país pensaba yo que tenía más chance de ser la potencia regional en Latinoamérica, ya que con el fin de la Guerra Fría se han visibilizado nuevos ascensos regionales. Aunque instintivamente respondí que Brasil, recordé que si bien este país ha logrado una buena proyección fuera del continente, aún no supera la desconfianza existente dentro de éste. Por el contrario, México parece más cercano, aún cuando sea de forma emocional, y hay que tener en cuenta que para una mentalidad ensimismada el que se hable el mismo idioma es fundamental, no obstante aún tiene que lidiar con los gringos encima. Aún así, ambos contendientes tienen que superar los mencionados ánimos de diferenciación, los cuales ni siquiera dejan que nos pongamos de acuerdo sobre qué es seguridad, aspecto que sigo convencido será el unificador de la región.

¿Y dónde queda Colombia en todo esto? Honestamente no la veo siquiera como potencia regional, no tanto por la ausencia de recursos sino por la mentalidad agorafóbica que manejamos acá. Considero que eventualmente las circunstancias nos llevarán a ser un actor gravitacional entre EEUU y la potencia regional, y tendremos que aprender a navegar en esa situación. Precisamente, la agenda activa en materia de política exterior del Presidente Santos parece querer llevarnos en ese sentido, aunque a veces sus acciones nos parecen confusas, y dicha mentalidad hace que en los corredores se le critiquen sus salidas del país. Y no es la primera vez que pasa con un presidente colombiano que quiere extender la influencia del país.

La razón por la que incluí los párrafos anteriores es para responder una pregunta que a lo mejor quedó latente: ¿cuál es el incentivo? Espero que ya la respuesta sea casi obvia, los politólogos internacionalistas locales (o los que aspiramos a serlo) tenemos mucha tela por cortar, y nuestra misma región lo que tiene son fenómenos que hemos dejado pasar de largo, y en los cuales vale la pena ahondar. Ahora bien, la directriz de este blog será la misma (hay que pensar en grande), pero claramente cambiará el enfoque como se ha mirado a Latinoamérica.

domingo, 25 de marzo de 2012

La lucha por el ciberespacio

“When we had no computers, we had no programming problem either. When we had a few computers, we had a mild programming problem. Confronted with machines a million times as powerful, we are faced with a gigantic programming problem.”
-Edsger W. Dijkstra.

Muchas veces, tanto el arte que se considera “elevado” como lo que es llamado “cultura pop”, suele reflejar bien e incluso predecir las tendencias sociopolíticas que se dan en la sociedad. Y sacando a flote una vez más mi enorme lado nerd, voy a anotar como la ciencia ficción nos ha mostrado los posibles futuros escenarios de las contiendas entre los estados, o cualquier otro tipo de unidad política máxima. Recordemos que durante buena parte del siglo XX los escritos de Asimov, Clarke y otros miraron hacia el espacio exterior, algunos antes de darse la carrera espacial entre las dos superpotencias durante la Guerra Fría.

Pero hubo un cambio importante durante la década de 1980, curiosamente mientras Reagan cañaba con su tecnología “Star Wars”, al ciencia ficción veía un cambio de enfoque con Philip K. Dick, y sobre todo, con la obra cyberpunk de William Gibson, películas como “Tron”, y la aparición masiva de los videojuegos también movieron las mentes. Ya la mirada no estaba puesta en el espacio sino el ciberespacio, y la fascinación ahora estaba en saber que pasaba dentro de un computador, el control que estas máquinas pudiesen ejercer, y si era posible un mundo paralelo dentro de ellas.

Actualmente, con la amplia difusión del internet ya este tipo de ideas no parece tan descabellada, y dado lo inhóspito del espacio exterior, y la flexibilidad de los alcances del poder, cada vez es más factible la idea de una delimitación “territorial” del ciberespacio. De hecho, vengo haciéndole seguimiento desde hace más o menos un año a los intentos de potencias como Rusia y China de crear sus propias redes de internet, cosa que también buscan países árabes y el mismo Irán. Como mucha de la difusión de lo que se ha llamado “La Primavera Árabe” se ha dado por vía de las redes sociales, es imperativo para los gobiernos de estos países controlar la información que llega a sus habitantes, cosa en la que China ha avanzado bastante como es bien sabido, y Rusia ya empieza a enlistar a sus primeros ciberguerreros.

Pero esto no es algo que se limite a los regímenes híbridos o no-liberales. Por un lado la preocupación de la Casa Blanca por los ataques y espionajes recibidos a sus instalaciones cibernéticas por parte de los dos rivales mencionados, lo cual ya ha llevado a varios documentos sobre recomendaciones de seguridad informática. Por otro lado, baste recordar la conmoción que causó el paso por el Congreso Estadounidense de los proyectos de ley SOPA y PIPA que buscaban restringir el acceso y la descarga de cierta información, logrando evidenciar las contradicciones innatas del liberalismo democrático, al enfrentar el derecho a la información y el derecho a la propiedad.

Tal vez esté exagerando, pero estas prácticas me dan la impresión de ser una forma de delimitar territorio en algo que es de cierta forma etéreo e intangible. Pero como de todos modos hoy en día todo parece difuso, y se le declara la guerra a cosas tan espurias como el terrorismo, no se puede descartar entonces los grupos desestabilizadores cuya base de operaciones está en el ciberespacio, porque a Julian Assange ya lo persiguen en el mundo real, pero el colectivo Anonymous sigue haciendo honor a su nombre. En cuanto al potencial desestabilizador de este tipo de actores, basta con mirar este top 10 deataques cibernéticos recopilado por Foreign Policy.

Así que no creo que las máquinas desarrollen mente propia, o que logremos entrar físicamente a una red de computadores, pero estoy muy seguro que pronto necesitaremos una especie de pasaporte virtual para entrar a ciertas páginas web, y que los ciberataques se hagan cada vez más frecuentes. Es un reto tanto para los detentadores de poder, como para aquellos que los estudiamos, es ver los alcances, usos y limitaciones de este nuevo tipo de territorio. Y yo no sé ustedes, pero cada vez que me conecto a internet, me siento entrando a algo tipo Matrix. 


viernes, 17 de febrero de 2012

Siria: el espiral de la historia y lecciones no aprendidas

En este medio mes de reflexión estudiantil (en realidad de acomodarse a un semestre muy aburrido) se ha podido pulir un poco mejor el ojo clínico, y por lo tanto animarme un poco más a tratar los temas que tienen dominada a la agenda internacional. Así entonces, a pesar de centrarme en los temas que normalmente pasan desapercibidos, he decidido redactar aquí mis observaciones sobre la situación en Siria.

Lo primero que se le viene a uno a la mente al tratar este tema es la brutal opresión ejercida por Bashar al-Assad contra la población del país que él dirige, sobre todo teniendo en cuenta que se supone que estamos en la era de los derechos humanos, la democracia y la libertad. Claro, es cruento lo que pasa en Siria pero vale la pena recordar que esos altos ideales no suelen pasar de lo discursivo, y lo que está en juego es el permanente balance de poder entre Occidente y Oriente, el cual está institucionalizado formalmente desde el fin de la 2da Guerra Mundial.

Se dice que los Realistas adolecemos de no reconocer la existencia de las organizaciones e instituciones internacionales. Nada más falso ¡Están ahí! imposibles no verlas, simplemente las reconocemos como los nuevos espacios donde se juegan los intereses de las grandes potencias. Pregúntense ustedes qué es realmente el poder de veto dentro del Consejo de Seguridad de la ONU, y por qué Rusia y China impidieron la intervención de tropas en el país árabe a pesar de los clamores de sus vecinos. Una cosa era Libia que estaba en el patio trasero de la Unión Europea, pero ya Siria es otro cantar, más si se nos fijamos en que las incursiones en Afganistán e Iraq y los avances en Pakistán, más el apoyo de la Liga Árabe de fuerte presencia suní, más todas las bases en países aliados, bien podría pensarse en un cerco a Rusia y un bloqueo a China.

Concedido, la ONU ha hecho avances en temas como la ayuda humanitaria, pero hay que recordar que no está para resolver los problemas del planeta, está para intentar discutirlos, y en más de una ocasión se ha quedado estancada cuando las potencias no están del mismo lado. Una muestra actual de este hecho es la pasada votación en la Asamblea General, que aún siendo casi unánime, su único efecto es reflejar ese concepto nebuloso y gaseoso que es la “opinión mundial”; y aún así hoy se registró un nuevo bombardeo en la ciudad de Homs. Vale la pena observar acá que entre los 12 votos en contra se encontraban Venezuela, Bolivia, Irán y Corea del Norte, todos regímenes híbridos o simplemente autoritarios, lo que nos lleva a otro punto de análisis:

¿Recuerdan la 1ra Guerra Mundial? Mirado muy por encima podría decirse que se trataba de un enfrentamiento entre los países democráticos vs. los países autoritarios (siendo Rusia la notable excepción), incluso podría verse ese patrón durante la antesala que tuvo en el siglo XIX ¿Podríamos pensar lo mismo hoy en día? Además del intento por conservar y/o ampliar zonas de influencia, no está de más que los gobiernos en Rusia y China teman un levantamiento similar dentro de sus fronteras, y por eso recurran a esta forma tácita y post-moderna de “Santa Alianza” para no contagiarse de la epidemia primaveral. Ya vemos como esta renuencia está logrando que se resquebraje el grupo BRICS, aunque cabe anotar que si bien Brasil, India y Sudáfrica son países democráticos, también se trata de potencias emergentes que buscan tirarle la pelota de la intervención a otras regiones, o en el caso de India, aminorar la influencia de rivales próximos.

Ahora bien, mientras una vez más se encargan de hacerle el feo a Rusia, cosa que se ha visto no resulta siendo tan sabia a la larga, también es válido ver si algo han aprendido también las potencias occidentales de la contienda mencionada. Así como se pensó en 1919 que una Alemania democrática a las malas calmaría sus impulsos belicosos, y luego surgió el terrible régimen nazi, George Kennan se preguntó si no hubiese sido mejor lidiar con los conservadores moderados de antes. Ahora yo me pregunto: Al ver que los resultados reales de las primaveras árabes, donde al parecer no se han dado gobiernos más humanos sino más radicales, particularmente en Libia ¿No sería mejor evitar otra intervención y empeorar el asunto? Tanto triunfalismo post-Guerra Fría parece haber causado una tremenda amnesia.

Es triste lo que pasa en Siria, como lo que pasa en otros lados, pero tampoco existe construcción humana alguna que sea omnipotente. La promoción insensata de los valores que tanto admiramos es lo que cava la tumba de éstos. Se podrá hablar todo lo que se quiera sobre una nueva era, pero finalmente vemos como entre más cambian las cosas, más permanecen iguales.

domingo, 29 de enero de 2012

Suerte con eso...

Yo sé que es domingo por la noche y preferirían pensar en cosas relajantes y poco densas, y no en reclamos históricos que usan todo tipo de discursos, de ser posible los que más apelen a la emocionalidad de las partes. Una de las cosas curiosas de ser latinoamericano es que cada tanto nos hacen llamados a la unidad subcontinental frente a ciertos aspectos históricos bajo una retórica de víctimas, sin tener en cuenta que muchas veces esa lógica tiene un fuerte legado de la conquista española que suele ser la mayor adversaria de quienes hacen el llamado. Y el ejemplo más reciente es el reavivamiento del caso Malvinas.

Traigo esta herencia a colación porque el choque entre dos tradiciones explica muy bien el por qué no se llega a un acuerdo entre el Reino Unido y Argentina. Un documento de gran volumen y de gran peso sobre nuestras consciencias fue el Código de Indias, el cual explica en buena parte nuestra fe ciega en el legalismo, así muchas veces las leyes no coincidan con la realidad. Tampoco es de descartar, sobre todo para este caso en particular, el Tratado de Tordesillas, bajo el cual una bula papal repartió el Nuevo Mundo entre los imperios Español y Portugués. Es ese tratado el que dio pie al reclamo de los independentistas platenses sobre las islas, al ser las de mayor proximidad con el antiguo Virreinato de la Plata, y por lo tanto parte del Imperio Español que pasaba a ser de su territorio.

Pero ese tratado tuvo más repercusiones que la colonización de las dos mayores potencias de la época. Potencias emergentes como Gran Bretaña no vieron esto con buenos ojos al querer participar en la repartija, y por ello se zafaron del mandato papal (el anglicanismo no fue precisamente un renacer espiritual), y aplicaron una política exterior en principio amoral que burlonamente llaman algunos la ley “Piratas del Caribe”, en la cual las tierras eran de aquellos que tomaran posesión de ellas, así fuera a sangre y fuego. Política exterior británica que se mantuvo hasta la Guerra de los Boer en la actual Sudáfrica que finalizó en 1902. Bajo esa idea los británicos tomaron las Malvinas en 1765, y luego de un abandono las retomaron en 1833 cuando los argentinos enviaran a un gobernador francés en su nombre. El 2 de abril de 1982 los argentinos tomaron la tónica británica bajo la Junta Militar dirigida por Leopoldo Galtieri, y ya vimos como eso les salió muy mal.

Esta patada de ahogado que les significó a los militares australes el retorno a la democracia no fue una jugada al azar, aunque al parecer su implementación sí. No hay mejor manera de formar un Estado que teniendo una meta en común, aún más si esta representa la presencia de un enemigo. Los reclamos sobre las islas por parte de los argentinos fueron pocos durante el siglo XIX debido en buena parte a que la consolidación del Estado Argentino no culminó en la parte continental hasta 1881. Sin embargo, como todo estado latinoamericano, Argentina sigue siendo un estado coloidal, y está convencida de que su unificación final se dará con la posesión de éstas islas.

Ahora que la actual Presidenta Cristina Fernández (de Kirchner, por supuesto) ha vuelto a pronunciarse sobre el tema luego de una incapacidad de 20 días, las declaraciones calurosas se han dado nuevamente, donde los argentinos llaman imperialistas a los británicos, y éstos de vuelta los llaman colonialistas. Una muestra de esa unidad argentina es que representantes de partidos no-gobiernistas como el ex presidente Alfonsín (quien recibiera el gobierno de los militares) se unieran en torno a recibir apoyo mundial frente a esta causa. Así mismo, el gobierno de Fernández ha recibido el apoyo de gobiernos centroamericanos en lo que es presentado como un reclamo pacífico y pegado a la ley.

Actualmente el Reino Unido ha cambiado la doctrina de su política exterior, la cual se pega ahora a los principios wilsonianos expuesto entre 1918 y 1919, cuando empezó el declive de su imperio. O por lo menos eso parece en este caso, ya que los británicos hacen un llamado a la libre autodeterminación de los pueblos, a sabiendas que entre ser independientes, argentinos o británicos, los kelpers la tienen clara. Llamado que es respondido por las islas del Caribe, ni más ni menos, al ser varias de éstas aún protectorados británicos o haber logrado su independencia de ese modo (aunque siendo parte de la Commonwealth). Sumado a esto hay indicios de recursos energéticos en las Malvinas, no hay riesgo alguno de que pasen a otra jurisdicción.

Y es que ahí está el meollo, el gobierno argentino vuelve a estar en una debacle y da la impresión de necesitar nuevamente el histórico distractor, incluso sus vecinos del Mercosur y Chile que dicen apoyar el bloqueo portuario a los barcos con la bandera de las Malvinas, expedido hace dos años por Argentina, logran darle la vuelta a ese apoyo con las tretas propias que los navíos británicos implementan desde su surgimiento [1]. Argentina confía ahora en que el derecho le va a dar la razón, al parecer olvidando que no existe autoridad central que lo respalde, y que el Reino Unido sigue teniendo una mayor capacidad para hacerlo respetar u obviarlo.

Claro, los resentimientos por el viejo colonialismos captan la atención, más cuando son inflamados al ser presentados bajo la definición de imperialismo inspirada en los discípulos de Marx (así éste no lo viera con malos ojos). Pero si entendemos el imperialismo desde una perspectiva menos emperifollada, como la acción de todo estado en pro de alterar el statu quo a su favor, y siendo este último la distribución de poder establecida desde la última guerra, vale preguntarse: ¿quién es el imperialista? A todas luces la torpeza militar argentina ratificó el statu quo en 1982.

No digo que las cosas no puedan cambiar, pero no le tengo fe a que eso se dé por unas simples leyes sin el respaldo de un poder real, y tal vez Argentina deba considerar otras maneras de crear sentido de pertenencia, tal vez asegurando un verdadero bienestar a sus habitantes. Con esto dicho, por lo pronto esto será lo que veamos cuando lleguemos a las Malvinas:


domingo, 1 de enero de 2012

Un merecido homenaje

En estas fechas en que la gente anda más sensible o predispuesta a cosas como la sincronía del universo, la serendipia, o las meras coincidencias, y aún más con el cuento del fin del calendario maya y cuanta profecía apocalíptica (aunque como alguien educado en el new age debo anotar que Saturno entra en Escorpión y es Año del Dragón según los chinos, cosas que… ya han pasado antes); pues voy a aprovechar mi pequeña coincidencia de cambio de año.

Entre los libros que me propuse a leer en estas vacaciones se encuentra American Diplomacy de George Frost Kennan, uno de los padres de la teoría Realista y de su aplicación en la política exterior, no por nada se le conoce como el padre de la contención. Este autor suele estar en la sombra de los textos académicos debido a su tono oscuro y pesimista, además de su tono despectivo hacia ciertos valores nacionales como la democracia, y ciertas admitidas fallas en su personalidad.

Es precisamente ese tono oscuro una de las grandes motivaciones de suscribirme a dicha escuela internacionalista, y lo que claramente ha marcado la línea de este blog, por ello no dejó de sorprenderme que la revista Foreign Affairs le haya dedicado un homenaje a Kennan a propósito de una reciente publicación de su biografía. Les recomiendo la lectura de los artículos referenciados en este homenaje, los cuales contienen su primera exposición de la política de contención bajo su pseudónimo de X, un balance de esta política 40 años después de su publicación, la fragmentación del bloque comunista al final de la primera fase de la Guerra Fría, la futilidad del multilateralismo en su concepción actual de hacer frente a problemas globales, y en mi opinión el más interesante, en el cual discute el vínculo entre moralidad y política exterior (el cual no deja de sentirse como una actualización de cierto autor renacentista florentino).

Feliz año, y nos veremos en futuras publicaciones.

domingo, 25 de diciembre de 2011

El lugar correcto de la mantequilla

Hoy voy a inaugurar una de las dos secciones que hacen falta, y que posiblemente el sólo nombre espante a varios de mis lectores: Teoría. La idea no es sólo discutir los densos debates que se dan alrededor de este tema, sino también mostrar otro tipo de cosas: caricaturas, música, comentarios de libros, cómics, etc. que ayuden a hacer más interesante esta sección. Se sorprenderán como muchas cosas de la cultura pop son herramientas útiles para entender mejor las Relaciones Internacionales.

En esta primera entrega les presento una caricatura animada que está basada en uno de mis libros d einfancia: Dr. Seuss, The Butter Battle Book. Aunque la historia es una crítica a la Guerra Fría, la cual seguía su curso cuando el libro fue escrito, quién iba a saber que de forma sencilla acá se pueden comprender conceptos Realistas como el balance de poder, el cuarto trasero, la inutilidad de las ideologías y la disuasión. Así que para que tengan algo divertido que hacer este día, les dejo estos dos videos.