Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de julio de 2012

Curando lunares


La última vez que escribí sobre Europa toqué el tema del reciente auge de los Partidos Extremo-Populistas (PEP), y un tiempo antes había comentado acerca de cómo Hungría parece moverse cada vez más hacia un régimen autoritario. Aunque todavía ningún PEP ha llegado al poder a un estado europeo, dentro o fuera de la Unión, otro gobierno de Europa Oriental ha causado alboroto en el Viejo Continente debido a sus giros autoritarios: Rumania.

Lo curioso acá es el hecho que el Primer Ministro Rumano Victor Ponta no hace parte de ningún PEP, ni siquiera hace parte de un partido derechista como su homólogo húngaro Viktor Orban. De hecho, Ponta es el jefe del Partido Social Demócrata, lo cual no le ha impedido despedir al Presidente, dejar sin poder a la Corte Constitucional, y revocar todo el parlamento, logrando causar manifestaciones de indignación a lo largo y ancho de la UE. Llevándome a pensar que efectivamente se le debe dar crédito a las teorías que afirman la poca asimilación del modelo democrático en los países con poca tradición en dicho sistema, como es el caso de los antiguos estados comunistas.

Así como lo aseguré en mis artículos anteriores, es poco probable que los enclaves autoritarios europeos hagan causa común, esto debido a las fuertes presiones en lo que hoy en día es el parangón de los valores liberales. Antes de hablar de las presiones, para probar mi punto quiero llamar la atención hacia un mensaje redactado por un representante húngaro, donde hace lo más por demostrar los valores liberal-democráticos de su país basándose en hechos recientes, a la vez que les echa agua sucia a sus vecinos rumanos. Sin embargo, Hungría aún causa preocupaciones. Precisamente, tal parece que en este caso las acusaciones similares sirven para que los acusados diverjan las presiones mutuamente.

Y ya entrando en materia, me perdonarán si soy muy insistente con esto: ¿pero dónde queda la soberanía?

El asunto parece resolverse y caer por su propio peso. Las mencionadas presiones lograron que Ponta diera reversa a sus medidas, y además de eso, que enviara una serie de compromisos que hicieran de Rumania un lugar más democrático, o por lo menos, acorde con los parámetros de la UE. Aunque Hungría parece más resistente, es posible que también le toque comprometer algunas de sus desviaciones autoritarias. Al igual que los desvaríos económicos mediterráneos e irlandeses, que están llevando a una intervención en las medidas económicas, los desvaríos políticos de los orientales le dan a la UE el material necesario para consolidarse.

Por supuesto, ya se oyen voces de celebración, y no es para menos, el temor del autoritarismo no es algo sin fundamento, y muchísimo menos en el Viejo Continente. Pero al mismo tiempo, existe algo que frena la consolidación del bloque europeo, y es tener algo que simbolice esa nueva soberanía en las diversas culturas políticas que integran este bloque. La verdad, se trata de algo que se acusa en todo tipo de medios y de textos, y es el hecho de que no existe un claro liderazgo político que dirija todas estas operaciones. Tal parece que el modelo gerencial está empezando a verse decimado.

Tal vez este tipo de eventos hagan que finalmente los dirigentes europeos dejen de ser tan timoratos, y pongan manos a la obra a su proyecto político. O tal vez también, tanto vaivén sin conclusión definida haga que la UE fracase. Que esto sea bueno o malo depende del criterio de cada persona, pero la suerte está echada y es muy probable que suceda algo dentro del corto al mediano plazo. Lo que es claro acá es que la periferia europea les está dando una oportunidad dorada a los países del centro para consolidar aquello que se propusieron hace 60 años. Es precisamente en la curación a tiempo de lunares y es en las crisis donde se conjugan los elementos necesarios para cristalizar naciones. Si no, pregúntenle a Tucídides.

viernes, 4 de mayo de 2012

Europa extrema


El auge de la Unión Europea ha sido posiblemente el mayor símbolo del optimismo post-1991, donde se empezó a unificar el mundo y a materializar el concepto de la seguridad civil. De hecho, también se sintió superada toda la vieja historia de guerras entre las distintas organizaciones políticas europeas, y que efectivamente la economía desplazó a la política como la gran reguladora de las actividades humanas a gran escala (ilusión óptica cuyos efectos aún permean las acciones y análisis de este tipo).

Hoy en día, cuando la luna de miel parece terminada en el Viejo Continente, a causa de la economía ni más ni menos, varios de los reclamos que se oyen tienen que ver con el pedido de una mayor voluntad política por parte de los líderes de la UE. Por otra parte pero ligado a ello, también está el temor latente de la reaparición de viejos fantasmas que se creían superados, pero que cada vez cobran más visibilidad. Me refiero a la reaparición de grupos de derecha radical o extrema, o las acciones llevadas a cabo por individuos bajo estas tendencias, como el 18% que obtuvo el Front National con Marinne Le Pen en las pasadas elecciones francesas, o los crímenes perpetrados por Anders Breivik en Noruega.

Antes de meterme de lleno en los temas sobre política internacional, tenía el interés de dedicarme exclusivamente a la teoría política. Dentro de este campo, siempre me ha llamado mucho la atención el lado derecho del espectro político, gusto que para poderlo explicar me tocaría equipararlo con la afición que tienen ciertas personas por las películas de terror y gore. Además, esto me ha traído cierto plus frente a la mayoría de mis compañeros en este campo, ya que prefieren investigar los movimientos sociales de corte izquierdista y/o postmoderno. En este orden de ideas, me parece interesante hacerle un seguimiento a estos grupos, y los impactos que puedan tener en el sistema internacional.

En primer lugar, vale aclarar aquí que no se trata de un resurgimiento de lo que Duverger llamó partidos de masas, que aparecieron a principios del siglo pasado. Es verdad que algunos de estos nuevos partidos extremos muestran simpatías con el fascismo y el nazismo, o se declaran abiertamente neo-nazis o neo-fascistas (sobre todo en Europa Oriental), y sí existen algunos enclaves de este tipo que actúan como entes para-estatales. Pero por otro lado, aquellos que son  más influyentes y se encuentran en Estados clave, bien podría considerárseles una nueva extrema derecha, al haber acomodado su discurso a las nuevas realidades de la política actual (en parte para ganar más popularidad), y presentar algunas particularidades que los distancian de sus predecesores.

De hecho, en este documento que los clasificó como Partidos Extremo-Populistas, PEP (y en el cual he basado buena parte de mi investigación), se puede vislumbrar que una buena parte de ellos tiene un discurso liberal, o incluso neo-liberal, a pesar de las posiciones contrarias al multiculturalismo, y por ahí de paso, a la inmigración, por ello es una posición que yo calificaría como ‘Ultra-liberal’. Precisamente, el discurso contra el multiculturalismo se basa en que éste socava la tradición liberal -tanto social como económica- lograda por Europa, al admitir en su seno culturas contrarias a esta como el Islam o los Roma, como argumentan el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) o el Partido por la Libertad (PVV) en Países Bajos.

No obstante, como su categorización bien lo indica, el eje transversal de los PEP es su carácter populista, y vale aclarar en esta parte que el populismo no es en sí una ideología política sino una práctica política. Según la caracterización hecha por Alain Touraine, el populismo busca proteger una continuidad sociocultural de influencias extranjeras, posee un corte anti-elitista e incluso anti-intelectual, y además busca reactivar un pueblo definido por su esencia y el cual no es una clase sino una comunidad. Precisamente, los PEP han logrado captar el apoyo de sectores de clase media-bajo u obrera de sus respectivos países, quienes temen el colapso de la seguridad civil lograda en Europa tras las guerras. Bien podría pensarse aquí que el liberalismo de algunos de estos partidos no es más que una versión del liberalismo hegeliano -la libertad de la nación y no tanto la del individuo- con esteroides.

Y el rasgo distintivo del populismo de los PEP en cuanto a su anti-elitismo, es la presencia en todos ellos de un marcado euro-escepticismo. Varios de los gobiernos que conforman la UE han tenido que contar con el apoyo de los PEP para poder formar una coalición, y ahora que la solución acordada ha sido un paquete de medidas de austeridad, los PEP se han encargado de hacer colapsar sus respectivos gobiernos por el temor de perder los beneficios de sus votantes, siendo más notorio el caso neerlandés con el PVV.

Y es aquí donde veo yo la conexión con las Relaciones Internacionales. La creciente popularidad de los PEP dentro los Estados de la UE, puede hacer que esta organización internacional termine de colapsar, y en vez de que veamos un nuevo fenómeno en la forma del bloque, tengamos un retroceso a una estructura de Estados ni siquiera decimonónica sino westfaliana. Dudo mucho que se formen los PEP en bloque y aprovechen la infraestructura de la UE para revivir los demonios del siglo XX, debido a que estos partidos han mostrado un carácter más introspectivo y no expansivo como el de sus antecesores. No creo que suceda, o por lo menos no por el momento.

Por otra parte, pueda que Breivik haya sido un lobo solitario en sus acciones, y que varios líderes de los PEP lo hayan repudiado en los medios; pero no se puede descartar de forma tan simple los sentimientos e ideas que motivan este tipo de acciones. Si bien los PEP se mantienen dentro de la legalidad de sus respectivos Estados, el creciente descontento puede llevar a otras manifestaciones violentas y apoyos soterrados, que podrían lograr que la UE colapse no de forma institucional, sino de forma violenta.

Entre más cambian las cosas, más permanecen iguales. Si bien existen similitudes con eventos anteriores en la historia, es necesario también identificar la adaptación de estos fenómenos a las circunstancias actuales. Si bien soy de los que afirma la noción de un regreso al mundo multipolar anterior a la Guerra Fría, tampoco se puede decir que volvamos con las antiguas características, y hay que estar pendiente de las nuevas tendencias que surgen. Así, una vez más Europa nos mostrará si crea una nueva forma de Unidad Política Máxima, o veremos la versión 2.0 de una forma antigua.

sábado, 24 de marzo de 2012

Ahoy!

Atenas vs. Esparta. A todos los que estudiamos Relaciones Internacionales nos ha tocado estudiar esta rivalidad histórica, así sea tan sólo una lectura del “Debate Meliano”, además de eso, es una rivalidad que se ha usado como analogía para intentar explicar todo tipo de bipolaridades, desde modelos de estado hasta ideologías. En este caso en particular, quisiera hacer referencia a la dualidad sobre el poderío militar, ya que incluso hoy en día persiste la discusión si es mejor el poderío naval (Atenas) o el poderío terrestre (Esparta).

Pero a decir verdad, desde el descubrimiento de América y el surgimiento del Reino Unido como potencia, gran énfasis se le ha puesto al poderío naval sobre el terrestre, y muestra de ello es que la mayor potencia en la actualidad es efectivamente una potencia naval. Por ese motivo, parte importante en la carrera por la inalcanzable hegemonía mundial es el tener una buena armada, y ya se ven sucesos como el Mar de China Meridional que recuerdan en cierta medida los enfrentamientos marítimos de hace algunos siglos, y curiosamente, todavía es clave controlar la ruta a las “Indias”.

Hoy en día dicha ruta parece estar infestada por piratas provenientes del Cuerno de África, principalmente de Somalia, un país que nos recuerda cómo funciona esto de la anarquía (principio rector del estudio de las RRII). Es por eso que la Unión Europea durante la reunión de sus ministros de defensa, ha aprobado la expansión de la Operación Atalanta, la operación militar contra los piratas del Cuerno. Parte fundamental de esta expansión es que se aprobó el ataque a objetivos terrestres como puertos de abastecimiento, barriles de combustible o camiones que prestan ayuda a los botes piratas que salen de África.

Por supuesto, ya existen algunas restricciones a esta expansión. Si bien se atacarán objetivos terrestres, no se dispondrá de fuerzas terrestres para cumplir estos objetivos, y por otra parte, como era de esperarse, la OTAN pone sobre la mesa el buscar formas que ayuden a estos países a que desarrollen sus capacidades para que ellos mismos enfrenten a los piratas (idealistas al fin y al cabo). Claro que la restricción mayor como siempre es más prosaica, y es ¿de dónde van a sacar el dinero para tal expansión? Como todos sabemos ya, la UE no se ha recuperado aún de la crisis griega, y falta ver si se aprueba el rescate en el Parlamento Alemán.

Una vez más sostengo que la UE no es más que Alemania logrando lo que no logró en dos guerras mundiales, ahora sumándole el hecho que Francia se le colincha para beneficiarse del proceso y contener a su eterno rival. No obstante, el motor de la entidad supranacional enfrenta en este instante fuertes retos para lograr no sólo solventar la crisis, sino también el mantener legítima su influencia en el Viejo Continente, ahora que se avecinan elecciones parlamentarias, y la austeridad se predica mejor fuera de las fronteras que adentro durante una campaña electoral.

De hecho, ya se argumenta que tanto rescate por parte de los teutones va a llevar a una modificación de su constitución política, la “Ley Básica”, al instaurar un gobierno económico para los países de la zona euro, y por lo tanto sometiendo su propia carta mayor a un ente superior. Y aquí es donde está el meollo del asunto, en realidad no hay crisis que pase desaprovechada, y menos en una mente como la alemana, la cual parece recordar las buenas lecciones de su pasado bismarckiano. Grecia ha sido la oportunidad para implantar un régimen económico en Europa hecho a su medida y a sus necesidades, mientras que los piratas africanos presentan la oportunidad para hacerle el quite de una forma un tanto elegante a las restricciones impuestas desde 1945.

Si seguimos toda la lógica de este asunto, vemos que aquí se están consolidando un control sobre los organismos administrativos y una fuerza armado, lo que viene siendo pura formación de estado de acuerdo con los preceptos de Max Weber. Aunque no creo que veamos el surgimiento de un nuevo estado tal y como lo conocemos hasta ahora (un mapamundi con una Alemania más grande), más bien al hacer una renuncia total o casi total de sus respectivas soberanías, veremos cómo se cristaliza la Unión Europea en un ente que desde hace tiempo le compite al estado en su posición de máxima unidad política: El Bloque.

(No se a ustedes, pero a mí en cierto modo me emociona como el biólogo que encuentra una nueva especie animal. Para mis colegas nerds, la única forma que se me ocurre por el momento para dar una aproximación de cómo sería este nuevo ente, se me ocurre el ejemplo de Ygrámul el Múltiple de la Historia Interminable, Horde de “Savage Dragon”, o los peces luna de “Buscando a Nemo”. Es decir, unas criaturas con una mente central que las lleva a conformar una criatura más grande y poderosa).

La gran apuesta está en la resolución de esta crisis económica, que de lograrse veremos mucho más que unos simples barquitos. Por consiguiente, me llama mucho también la atención el que su despliegue sea principalmente naval, reafirmando esta creencia que aquel que controla los mares controla al planeta, además que escondiéndolo bajo el manto de misiones legales y de manutención del orden, logren pasar por debajo de los radares de las potencias navales establecidas. Aún así, me queda pendiente otra inquietud que puede ser una talanquera en esta consolidación: la guerra la ganó Esparta.

viernes, 20 de enero de 2012

Que cosa con estos orientales...

Estamos ante la presencia de un importante cambio del mundo como lo conocemos. No sólo el mundo está tomando una nueva configuración multipolar luego de la bipolaridad de la guerra fría y la borrosa hegemonía estadounidense de los últimos 20 años, también se está configurando una nueva Unidad Política Máxima que bien podría reemplazar la figura del Estado-Nación que ha regido durante los últimos 364 años. Se pensará que los problemas que enfrenta en estos instantes la Unión Europea serán el motivo de su colapso, eso es resultado de la falsa comodidad y optimismo de los últimos 20 años, en realidad, son estás “crisis” las que la solidifican.

Dejando a Grecia a un lado, tema que ya de por sí se ha puesto aburrido, ahora Hungría está poniendo a prueba a la organización supranacional. Para hacer el cuento corto, bajo el gobierno de Viktor Orbán y del partido de centro-derecha Fidesz, Hungría ha enfrentado una crisis económica no muy distinta a la del país heleno y no ha tenido suerte intentando conseguir un préstamo del FMI. Además de eso, este año entró en vigencia una nueva constitución política redactada bastante controversial por su tono ultra-conservador, cuyos detractores alegan fue empujada a las malas por la mayoría del Fidesz en el parlamento y que muestran como una regresión al autoritarismo.

La UE ya ha tomado cartas en el asunto, y ha puesto en acción procedimientos legales para sancionar a Hungría específicamente por la legislación que amenaza con la autonomía del banco central, la autonomía de la rama judicial y la autoridad de protección de datos; junto con una nueva disposición que ataca la falta de respeto por parte de Orbán hacia la libertad de prensa. El mismo presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso ha manifestado su inconformidad con lo que creía serían reformas en línea con la “Ley Europea”. Por su parte, Orbán asegura que este inconveniente se resolverá rápidamente, y además cuenta con el apoyo del bloque centro-derechista del EPP dentro del Parlamento Europeo, el cual actualmente es mayoritario. No obstante, llegan más presiones al gobierno húngaro, los países del Benelux ya hablan de cumbre con los 27 mandatarios de los países miembros de la UE para discutir la situación de Hungría.

Aquí la cuestión central es: ¿en quién recae la soberanía? Especialmente si entendemos ésta como el poder sobre el cual no existe ningún otro, lo cual de entrada descarta la posibilidad de un poder compartido. Porque precisamente es el argumento de la soberanía el que han esgrimido aquellos que han defendido las reformas dentro del país magiar; pero teniendo en cuenta que Hungría fue el país post-comunista más entusiasta en ser recibido por Occidente y unirse a la UE, entusiasmo que por cierto Viktor Orbán era uno de sus mayores abanderados, es pertinente observar si el Primer Ministro peleará por su soberanía o se plegará a los mandatos de la UE.

En este orden de ideas, muchos de los observadores de este caso referenciados señalan como históricamente los húngaros han sido dominados por los mongoles, los turcos, los Habsburgo, los nazis, y finalmente los soviéticos, dando casi a entender que este tipo de problema no les es extraño, y por lo tanto es plausible pensar que se darán mañas para resolver la situación la UE y aún así salir ganando. Pero, el problema es más de peso que unos simples ardides dinásticos, con Viktor Orbán se teme un retroceso democrático comparable con los casos de Vladimir Putin, o el susto que dio Berlusconi dentro de la UE. Más si se considera el hecho que algunas encuestas apuntan a que los húngaros están decepcionados con el modelo occidental, y renunciarían a la democracia con tal de obtener prosperidad. Claramente esta contravía con sus ideales kantianos no será recibida con beneplácito por la UE.

Ahora bien, echando globos sobre el extremo contrario del asunto, que Hungría mantenga sus reformas políticas y esto lleve a su salida de la UE, ¿quedaría este país aislado como un paria? Tal vez en un principio, pero no se puede dejar a un lado la Unión que pretende lograr Rusia con algunos de sus satélites, y tal ente supranacional hace caso omiso de la calidad democrática de sus integrantes por obvias razones. El problema de fondo que tiene la UE frente a varios de los países de Europa Oriental es que, por las razones que fuesen, éstos no logran acomodarse adecuadamente a los requerimientos que ésta impone, y sin proponérselo los empuja a la zona de influencia de su eterna rival.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, la Unión Europea enfrenta otro fuerte reto para asumir la posición a la que aspira. Viendo ya que no sólo la burocracia de la organización sino los mandatarios de sus países miembros se movilizan para atender la situación, se puede intuir que el choque de influencia será bastante fuerte y con una inclinación hacia la organización. De llegar a ceder Hungría, revocando medidas que parten del documento que se supone es la evidencia de su soberanía, ayudaría a demostrar cual es realmente el poder sobre el cual no hay ningún otro en el Viejo Continente, de lo contrario, ayudaría a una nueva fragmentación de éste. 

jueves, 5 de enero de 2012

Entre Europa y Asia

Hace poco me terminé de leer El choque de civilizaciones de Samuel Huntington, que si bien su contenido es discutible y su retórica un tanto encendida, no deja de tener algunos aciertos, o por lo menos es un buen lente para observar ciertos acontecimientos recientes. En particular me refiero a que el pasado diciembre la Cámara Baja de Francia aprobó una ley que criminaliza la negación del genocidio armenio a manos de turcos otomanos en 1915. Por supuesto, Turquía que nunca ha reconocido tal hecho ha cortado relaciones diplomáticas con los galos.

Algunos celebrarán esta ley francesa por su corte humanista, y concordarán con el Presidente Sarkozy en sus alegatos sobre los derechos humanos que respaldan tal ley. Si bien la medida puede ser loable, la verdad no encuentro tan convincente el discurso redentor tras esta ley, y más bien me da la impresión de que la intención tras esta ley es empezar a deshacerse un país al parecer molesto para el proyecto integracionista europeo. Turquía ha venido solicitando membrecía completa desde 1987 en la Comunidad Europea (actual Unión Europea), y mientras que otros países la solicitaron luego y se les ha concedido (Último caso: Croacia), esta es la hora que le hacen el quite a su solicitud.

Turquía es, en mi concepto, el mejor ejemplo de una zona de paso, desde su arquitectura se nota la confluencia de varias culturas, y su geografía e historia no aclaran si efectivamente se trata de un país europeo o el lado más saliente del oeste de Asia. Pero si seguimos con los argumentos de Huntington, el mayor contra del ingreso de Turquía a la UE es su adhesión a la religión musulmana, a pesar de ser el país de esta fe que mejor ha sabido adaptar el modelo político occidental desde las reformas kemalistas en la década de 1920. Como bien lo dijo Jacques Delors, la Unión Europea es un club cristiano, el cual por eso se extiende incluso a países ortodoxos como Grecia ("la cuna de la civilización"), que si bien Huntington los pone en una civilización aparte logró percibir que serían el dolor de cabeza dentro de la UE.

Aun dejando aparte el análisis civilizacional, es de tener en cuenta al respecto de los países ortodoxos que algunos de estos fueron en algún momento parte del Imperio Otomano y aún persisten ciertos resentimientos. Grecia aún mira con sospecha a su vecino del Mar Egeo, y Turquía sigue siendo el único país que reconoce a Chipre Oriental como Estado causando malestar en esta isla miembro de la UE. Fuera de eso y de la UE, Israel ha puesto sobre la mesa el reconocimiento del genocidio armenio de 1915, y no sobra recordar el reciente incidente diplomático entre estos dos países debido a la Flotilla de la Libertad como para notar cierta intención de aislar a Ankara.

Es muy probable que Francia se haya tomado el trabajo entre los demás países europeos para hacerle esta afrenta a Turquía debido a varias condiciones que le facilitan tal jugada: en primer lugar, se trata de uno de los estados centrales de la UE, y de haber sido Alemania la de esta iniciativa, la amplia diáspora turca dentro de ese país podría causarles amplios conflictos internos a los teutones; en segundo lugar, está su discurso de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” que da el trasfondo necesario para hacer creíble el humanitarismo tras la nueva ley; en tercer lugar, ganarse a Armenia ayuda a Europa en el balance de poder que se está dando en la conflictiva región del Cáucaso, y finalmente, Francia es el estado europeo que más ha avanzado políticas anti-musulmanas como la prohibición del burqa, posiblemente debido a sus aún patentes conflictos con Argelia.

Precisamente la clave para Turquía sea Argelia, pero no en acusar a los franceses de sus masacres en el país norafricano, aunque ya que mencioné Croacia también es curioso su admisión a pesar del caso Krajina. No, ahora que Turquía está bajo el mando de Recep Tayyip Erdoğan ha tenido una mirada más inclinada hacia Asia y el mundo árabe, y un argumento de Huntington que permanece vigente es que el Islam todavía no tiene una potencia central que lo guíe, y Turquía es un candidato muy apto para tal posición. No sólo debido a su ascenso económico sino además su posición geográfica que sirve de puente a la mayoría de los países musulmanes desde el Magreb hasta Asia Central, y su proximidad con Europa y sus métodos le da cierta ventaja frente a Irán o Arabia Saudí para poner en jaque al Viejo Continente sin necesidad de verse frontalmente amenazante.

Sea por razones culturales o simple geoestrategia, la cuestión entre Europa y Turquía va a seguir siendo tensa, por lo menos dentro del campo de lo previsible. Si Francia y el resto de la UE sigue haciéndole el quite a ciertos países clave, tendrá que prepararse ya no sólo para lidiar sus crisis internas, sino a los eventuales bloqueos que puedan venir de las zonas de influencia inmediatas. Aunque todo genocidio y masacre es condenable, los altos ideales no alcanzan para lidiar con los resentimientos que perduran entre las civilizaciones.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Unión Europea: La solución no es económica


El pasado viernes 9 de diciembre se dio la cumbre entre los 27 países miembros de la Unión Europea para encontrar una solución a la actual crisis económica que enfrenta el continente. El gran resultado es que 26 países se acogieron a las nuevas medidas, las cuales incluyen el que los gobiernos participantes no pueden tener un déficit estructural mayor al 0,5% de su PIB y sus presupuestos anuales deben ser aprobados por la Comisión Europea [1].

El gran ausente en este consenso europeo fue Reino Unido, quien hizo honor a su euroescepticismo basado en el distanciamiento histórico de las islas a las políticas continentales. Lo realmente sorpresivo es el hecho de no haber encontrado Reino Unido apoyo alguno de los otros nueve países que se encuentran fuera de la eurozona y que solían compartir el escepticismo británico, como era el caso de países nórdicos como Suecia o del antiguo bloque comunista, como era el caso de República Checa y Hungría [2], al tener estos políticas más afines con el libre mercado. Incluso Polonia ha hecho caso omiso de su también histórica sospecha hacia las potencias centrales.

El avance de estas medidas va en clara línea con las aludidas potencias, es más, se podría ya empezar a vislumbrar. Por un lado, se presenta la idea adelantada por Sarkozy sobre la Europa a dos tiempos, donde se crearía una federación entre los 17 miembros de la eurozona y una confederación con los 10 restantes. Por otro lado, y en ese orden de ideas, también se debe destacar en que este es otro paso hacia los Estados Unidos de Europa que propuso Merkel. Lo más particular, es que se dio una amalgama entre la disciplina fiscal teutona y el dirigismo galo [3].

En conclusión, la fachada es económica pero el trasfondo es político. En este instante estamos ante la posibilidad de un nuevo punto de inflexión en donde podemos ver el surgimiento de una nueva unidad política máxima que suplante al Estado-Nación, o bien, a la consolidación de éste. ¿Qué debe primar? Esa es el gran interrogante que debemos plantearnos.